diseño industrial

Diseñar para reparar

¡Haz que los objetos duren más!

Debemos entender que el Diseño Industrial, tiene una visión de mejorar las actividades en las que se desenvuelve el ser humano y la sociedad. Aterrizando en nuestro país, se debe pensar que el diseño industrial ecuatoriano, se nutre del entorno natural y de la artesanía; y ahí es cuando creo que nosotros, los diseñadores, tenemos aún más responsabilidad que otros seres humanos.
Los diseñadores tienen como misión darle al planeta un respiro de tanta basura, dejar que el consumo abrume y que la moda nos inunde.
Estamos en un país con artes y oficios muchos de ellos especializados en la reparación de objetos, una manera de ganarse la vida que en muchos países “desarrollados» no existe. ¿Estás cansado de esos productos desechables que, al primer uso, terminan en un montón de piezas sin sentido?
Pensemos entonces en diseñar objetos, que si bien pueden no ser eternos, deben estar pensados para poder ser reparados y hacer que esa materia prima, y los recursos que usamos para construirlos no vayan a parar a un depósito de basura.
Muchos diseñadores y organizaciones de diseño del mundo están pensando en estas ideas, y el Design Council del Reino Unido es uno de los que ha tomado esta bandera para difundir este cambio de mentalidad entre nosotros los diseñadores. No se trata de unos cuantos tornillos bien puestos en lugar de usar pegamentos. Esta filosofía implica un cambio de paradigma, una unión pensada y estratégica entre diseñadores, fabricantes, consumidores para cuidar al planeta.
Estas 5 ideas son la base para que los objetos que diseñamos sean reparables y amistosos con la gente que le encanta desarmar cosas para darles una vida más larga.

Durabilidad y deconstrucción

Elige materiales nobles, que resistan el paso del tiempo personalmente aún busco materiales que se vean mejor con el uso que nuevos la búsqueda del diseñador debe ser personal. En vez de productos hechos en una sola gran pieza, piensa en módulos intercambiables, casi como las piezas de un Lego gigante. Conectores simples y estandarizados. Y los reparadores seguro agradecerán etiquetas o tags para las piezas.

accesibilidad

Accesibilidad

Que las partes susceptibles de dañarse o que pensemos que pueden tener achaques, estén a la vista y al alcance de la mano. Nada de escondites secretos ni herramientas exóticas. Dejemos los garajes llenos de chécheres inútiles y apostemos por lo común y corriente. Y ni de broma pensar en el pegamento como solución: ¡los tornillos comunes y corrientes deben ser la elección! (Aquí tengo que contar que soy un fan de Apple y los artículos de ésta marca no cumplen estas ideas)

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Facilidad de uso

¿Tu electrodoméstico habla en lenguaje extraterrestre cuando falla? Pensemos en una voz clara con indicadores y mensajes amigables. Los objetos deberían venir con instrucciones de reparación que hasta las abuelitas lo puedan entender, con dibujitos y pasitos numerados. Videos en YouTube, tutoriales interactivos, ¡Que sea tan fácil reparar las cosas que puedan salir en un video corto de Tiktok! Si el software da guerra, haz que las actualizaciones sean cosa de un clic, sin llamar a los sabios.

creativo

Normalizarlo

Hagamos que reparar sea lo más chévere del mundo. Campañas que enamoren a la gente de sus cosas, para que las cuiden y las arreglen con cariño. Modelos de negocio circulares, donde lo viejo se transforma en nuevo. Vi recién en un video viral, una diseñadora promoviendo la idea de que la basura es un problema de diseño. Y siento que ese es el camino, hay que dejar a la basura fuera de la ecuación. Comunidades de reparación, talleres colaborativos donde el conocimiento se reparta. ¡Cafés de reparación! Qué gran idea para compartir historias y arreglar cacharros con una taza de café en la mano.

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El mundo es un lugar pequeño

Trabajar siempre con fabricantes para que conseguir repuestos sea como encontrar aguacates en el mercado. Crear experiencias de marca, -tal vez como lo hace Patagonia con sus chompas-, que hagan del "arreglarlo yo mismo" una aventura divertida, que incentive la devolución de productos para reciclarlos o darles nueva vida.

Es momento de hacerse eco de estas iniciativas. Estos principios de diseño, que esperamos que cada vez estén entre más manos, se apliquen para crear productos y sistemas funcionales y amigables con el planeta, sin dejar de ser económicamente viables. Y si logramos reparar nuestras cosas personales, imaginemos qué otras maravillas podremos sanar en este planeta.
Por ahí dicen que en estos tiempos la reparación es un acto de rebeldía, yo espero que en un futuro cercano esta sea la norma y no la revolución. ¿Se apuntan?

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