En el cruce entre la pasarela y el escenario, el vestuario deja de ser simple indumentaria para convertirse en un lenguaje propio, capaz de narrar, emocionar y transformar una obra. En los últimos años, la colaboración entre diseñadores de moda y directores de teatro, danza y ópera ha pasado de ser una curiosidad a convertirse en una pieza clave del proceso creativo.
Un personaje que habla sin palabras
ANGUSTIAS
Angustias, la hija mayor de Bernarda, viste de luto por imposición. Reprimida y totalmente acostumbrada, está cubierta de la sombra de su madre: Lleva una larga falda negra y camisa recatada, medias pantis y zapatillas de agarre. Alrededor de su cuello, cuelga una bufanda que acentúa su vestimenta. Su cabello, a diferencia del resto de sus hermanas, estará peinado con un moño sencillo en vez de trenzas.
Su maquillaje pretende dar un efecto de envejecimiento parecido al de Bernarda; pero menos marcado. Se trabaja su rostro con tres tonos y un polvo para dar volúmenes en las áreas que tienden a arrugarse. Se exageran las imperfecciones y se agregan defectos para obtener una imagen enfermiza y poco agraciada; haciendo hincapié en rasgos característicos del personaje.
Sinergia entre disciplinas
A su vez, las artes escénicas ofrecen a la moda una plataforma de experimentación sin límites. En la coreografía “Ecos del Pacífico”, el diseñador de moda sostenible Luis Alvarado creó una serie de trajes hechos con fibra de bambú reciclado y tintas vegetales. La danza, que combinaba movimientos tradicionales de la costa con técnicas contemporáneas, resaltaba la fluidez del material y convertía cada giro en una declaración ecológica.
Impacto cultural y económico
Cuando el vestuario trasciende el escenario, genera un efecto multiplicador. Los trajes de “El Cascanueces” de la Ópera de Quito, diseñados por la joven marca local Cacha, se convirtieron en piezas de exposición en el Museo de Arte Popular, atrayendo a turistas y a coleccionistas.
Este tipo de colaboraciones no solo refuerzan la identidad cultural, sino que también impulsan la economía creativa, creando empleos para artesanos, tejedores y técnicos de iluminación.

